Se acabó la guita. Y aquí me tenéis dispuesto a estrujarme las neuronas para contaros algo y llenar el bolsillo. Me ha dicho el mandamás que no me pase con los temas de la coyunda, ¡leches! Y yo que quería contaros lo de la orgía en casa del Federico. Otra vez será.

Total, que me pide que me centre en el tema del Pijoaparte de Marsé. Pero es que ese tema sale en otras novelas del Juanito, aparte de en “Últimas tardes con Teresa”. Por ejemplo, en el “Amante bilingüe”, donde mezcla dos historias charnegas en una.

¡A ver si soy capaz de explicarlo!

Toño y Damián eran hermanos, dos pijoapartes espabilaos buscando sus teresas. Damián tenía muy claro su escapada del barrio y en cuanto pilló a la Montse (Norma en la novela), que vivía al otro lado de la montaña del Carmelo, por Verdi, la encoñó bien hasta que la niña bebía los vientos por él. Para asegurarse la jugada, aparte de aprender en la intimidad un exquisito catalán que impidiese el rechazo de los padres de la criatura, se aseguró que cuando fuera presentado en la casa, la niña ya fuera bien preñadita.

No es que Damián (Marés en la película) fuera el clásico machito charnego; de hecho buena parte de su mucha astucia siempre la empleó en esconder sus afectos por otros de su mismo sexo… Pero lo importante era escaparse del barrio, y Montse fue su pasaporte dorado. Era un pasaporte con muchos visados en las clases “bienestantes” de Barcelona. Ella al poco entró en la “Generalitat” como funcionaria con cargo y él no tardó en progresar dentro del PSUC como concejal, y más tarde como directivo en la empresa familiar de su santa.

Lo que cuenta el Marsé sobre los cuernos de Norma fue más bien al revés y salió hasta en el Tele/eXprés: <<Pillado importante directivo de la farmacéutica TAL en prácticas de sodomía con jovencitos>>. ¡Vaya, por Dios! La patada que entonces recibió Damián en su, ya de por sí magullado, culo lo envió de nuevo al barrio de sus orígenes.

A todo esto, Toño, el Faneca (en la realidad y en la novela), menos avispado que su hermano, tonteó con muchas teresas y charnegas, y acabó casándose con Lucía, una malagueña de armas tomar, vecina de las “casas baratas del Turó de la Peira”, que tras su tercer parto ya quedó embarazada para siempre. Frente a la plumilla de su hermano, el Faneca era todo lo contrario, un picha brava de campeonato. Y tras la defenestración de Damián, no se le ocurre otra cosa que llamar insultante a la Montse y decirle todas las burradas que se le vinieron a la cabeza, incluyendo, claro está, hasta cuántas veces se la iba a follar y de cuántas maneras. El resultado inesperado es que la Montse se puso como una gata en celo y todo lo que dejó de hacerle el Damián, durante los 10 años del matrimonio, se lo cobró del Faneca en uno solo. Cumplía el Faneca con Lucía y cumplía el Faneca con Montse. Hasta que, tal como era de esperar, la Montse encontró acomodo en los brazos de alguien de su clase y posición: un diputado del PSC de familia y raigambre catalana.

Todavía tiene pendientes el Faneca algunas causas por denuncias de acoso de la Montse y el “diputat”. Aclaro que las de ella son por acoso sexual. ¡Con lo que le gustaba  la sucia verborrea charnega! ¡Ay, las “teresetes”!

Anda como un sonámbulo por el barrio el Damián, escondido en su armario, medio invisible, y yo quedo de vez en cuando con el Faneca a tomarnos unas cervezas y ver gachís, charnegas o pijoflautas (¡que están para comérselas!), asignamos puntuaciones, apuntamos posiciones, nos contamos batallitas y nos reímos de nuestra propia derrota.

Es bueno el Marsé de los cojones, cómo sabe barrechar las cosas… O a lo mejor su historia se la inventó toda y cualquier parecido con la realidad —mi realidad— es pura coincidencia, tal como dicen en las películas tostones americanas. Queda la duda si anduvo por el Delicias, arriba de la montaña, o por el Cecilia, arriba de Llobregós, o algún otro bar de por Pastrana, el mercado o Conca de Tremp. Todo es posible. Un día de estos le llamo para invitarle a una cerveza a ver qué me cuenta.

Y qué decir de la peli que hizo el Aranda. Yo solo me acuerdo de la Ornella Muti, más sensual que nunca, más erótica que cualquier teresa marséana. Desenfocó algo el contexto, pues Aranda siempre fue nuestro realismo mágico del cine, pero como nos trajo a la Muti, se lo perdonamos todo. Impagable el sexo acrobático de la Ornella y el Imanol ¡Anda que no tiene vicio el tío con el rollo de contar dramas!

Volviendo a lo nuestro. Sería injusto decir que ninguno de los pijoapartes consiguió escapar de la prisión… ¡Coño!, ¿cómo decirlo sin que se me ofenda el personal? ¿Prisión charnega…? En plan “politólogo”, que se lleva ahora tanto, diríamos: …escapar de los condicionantes socioeconómicos, políticos y culturales que nos mantienen alienados… Es evidente que algunos lo consiguieron —no fueron muchos, el grueso aquí seguimos— y no solo por braguetazos, ¡que también! Bien con esfuerzo y estudio —yo a estos no les denominaría pijoapartes, solo charnegos descastaos—, otros  integrándose en los sindicatos y partidos que surgieron tras la Transición, ocupando puestos intermedios, escalando poco a poco, sin una sola crítica al catalanismo imperante que les frenara en la subida, asumiendo la posición subalterna de su casta (Pablo: cuando hay castas, las hay arriba y abajo, ¡conste!). Asumiéndolo hasta la saciedad, hasta convertirse en el paradigma del charnego agradecido, que no es otro que el de José Montilla. El paradigma Montilla.

Cumpliendo el principio de Peter, Montilla llegó al máximo nivel de incompetencia  institucional al que se puede aspirar en Cataluña y lo hizo no como un auténtico socialista que debería instaurar la igualdad, no, de eso nada: lo hizo como buen vasallo de las 400 familias, lo hizo mientras era despreciado por ellas —Ferrusola dixit—, y cumplió tan bien su papel que recientemente me entero que cobra un pastón. Aunque siguen despreciándole. ¡Joder con el “mudito”! Lo del mudito os lo cuento otro día.

Bueno, voy cortando el rollo, que al fin he quedao con el Faneca que dice que trae unas chinas y unas cervezas. Ya no sé si quiere que nos las fumemos o nos las follemos. Yo, pa lo que sea, voy.

Farragüas

Carmelo, 22 de julio de 2016

Un comentario en «Amores charnegos»
  1. Sugiero una dedicación a la vida y trayectoria de Luis C, no vivió en el Carmelo, pero si pasó por Roquetas, arriba del todo, junto a Torre Baró que para el caso.., de ahí a Gracia y por su gracia musical instalado permanentemente entre la crema y la mantequilla. Mañana le darán brillo desde TV3

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