“Quizá sin el meteorito no habría humanos en la Tierra. Pero así los gringos no nos habrían chingado Texas y California.”

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sigue adelante con su valiente política de denunciar todas las injusticias históricas habidas y por haber: tras exigir disculpas a España y al Vaticano por la conquista de México por Hernán Cortés, en el siglo XVI, ha decidido exigir también ahora disculpas y reparaciones al Cinturón de Asteroides –situado entre las órbitas de Júpiter y Marte– por la catastrófica extinción de especies que siguió al impacto de un meteorito sobre la Península del Yucatán a finales del período Cretáceo.

“Allá arriba debe haber alguien que se haga responsable por aquella agresión que sufrió nuestro territorio nacional hace 65 millones de años. El daño causado no podemos olvidarlo ni perdonarlo tan fácilmente. Y, aunque los dinosaurios ya no estén aquí para defender sus derechos, en nosotros siempre tendrán una firme defensa de su memoria y su dignidad”, afirmó entre dos tragos de pulque ante los corresponsales de Charnego News.

Posteriormente, el presidente López Obrador matizó sus palabras reconociendo que, sin la caída de aquel meteorito, quizá tampoco habrían podido evolucionar los mamíferos ni otros grupos animales durante el período Terciario ni habría aparecido la especie humana sobre la Tierra. “Pero así tampoco habrían podido venir los españoles a conquistarnos, ni los pinches gringos a chingarnos Texas ni California. Así que todo eso nos habríamos ahorrado, güey.”

“Cierto que sin los españoles no tendríamos vacas, puercos, ni gallinas. Pero eso, nuestros antepasados aztecas ya lo tenían solucionado, pues guisaban unas enchiladas deliciosas con la carne de los tlaxcaltecas que sacrificaban en el Templo Mayor.”

A preguntas de nuestros reporteros sobre si la presencia española no había reportado ningún beneficio cultural ni material a México, como el de la aparición de una maravillosa cocina mestiza de amplio reconocimiento mundial (con platos tan espectaculares como los tacos de res, las carnitas michoacanas o la cochinita pibil), el presidente López Obrador –nieto de inmigrantes procedentes de Cantabria– respondió: “¡Ni tantito…! Cierto que sin los españoles no tendríamos vacas, puercos, ni gallinas. Pero eso, nuestros antepasados aztecas ya lo tenían solucionado, pues guisaban unas enchiladas deliciosas con la carne de los tlaxcaltecas que sacrificaban en las escalinatas del Templo Mayor.”

Y ante nuestras últimas preguntas (referentes a si la legislación española no había promovido los matrimonios mixtos y defendido los derechos de los indios durante la etapa colonial, sobre si el ejército mexicano no había llevado a cabo matanzas indiscriminadas de apaches durante los siglos XIX y XX, y sobre si no seguía habiendo un grave problema de respeto a los derechos de las poblaciones indígenas en lugares como Chiapas en la actualidad), el reblanquito presidente López Obrador comenzó a ponerse nervioso y nos despachó de cualquier manera, llamándonos gachupines y mandándonos a mamar.

Y salimos del palacio presidencial, echándole un vistazo de soslayo a los murales de Diego Rivera, y echando mucho de menos a aquel recordado presidente Lázaro Cárdenas que tanto amaba a España y tanto hizo progresar a México, cuando acogió en el país a los intelectuales españoles exiliados tras la Guerra Civil.

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